La otra lucha en el electorado bajacaliforniano

TIJUANA, ABRIL 8, 2019.- Se ha convertido en un actor socorrido este fantasma del odio y la difamación en la contienda electoral y estas llamadas campañas negras que llegaron para quedarse.

En la mente del electorado una difamación o mentira tiene un efecto acumulativo puesto que lo más fácil es no corroborar los dichos. Sí, somos una sub cultura aún que no se basa en hechos serios.

Ante este tamaño social, los bolts, las mentiras, la difamación que en otras sociedades civilizadas no tendrían mayor repercusión que tirar esa mala propaganda a la basura, en cambio en la nuestra es motivo de duda, señalamientos, más comentarios infundados e incluso hasta análisis de algo que es tan irreal como ocioso.

Qué manera de perder el tiempo!

Analicemos que el salto de los medios periodísticos serios a las redes donde los que no fueron a la escuela y no tienen una salud mental pueden contar con preferencia de personas iguales o incluso menos peores que estos, abrió la puerta a mentes enfermas, perversas y hasta criminales. A estos no les importa generar más confusión y caos en la población. Gozan acomodando sus delirios mentales en una sociedad que por salud mental debe rechazar a estos charlatanes.

El reto en esta campaña es poder diferenciarlos.

Los locos de la red, enfermos y corruptos jamás jugarán limpio- Por otro lado, quienes confirman información para publicarla de manera histórica tienen la ventaja de la permanencia, los años de vuelo y la realidad que reza: todo se llega a saber tarde que temprano.

Aquellos que buscan el desprestigio de los comunicadores lo hacen porque pretenden tomar un lugar que no les corresponde y aunque sean leídos temporalmente están destinados al fracaso. Quien pretende ser lo que jamás ha sido, tarde que temprano le aflorará lo impostor.

Esas personas son las que se prestan para pretender difamar a quienes hoy buscan una candidatura.

Ojo: no se trata de sacar los trapitos al sol o investigar a fondo quién se ha equivocado. De lo que se trata es de inventar, calumniar y decir una sarta de mentiras como la realidad que viven estas personas en un mundo que se puede calificar de manicomio mental.

De eso debe cuidarse la comunidad y esta falta es tan grave como lo ha mencionado el presidente de México, es un claro delito electoral, es un acto de corrupción de verdulería (con todo el respeto a las verduras del mundo).

No encontrar información, no ser serio, no tener datos duros es hoy la característica de los difamadores y charlatanes que en este país han encontrado impunidad y donde más vale que los legisladores se pongan a trabajar para castigar esta conducta enana, enfermisa y destructiva.

No se deje engañar!

No se deje enfermar!

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