NUEVA YORK, JULIO 17, 2020.-  A menos de cuatro meses de las elecciones presidenciales, crece el optimismo del candidato demócrata a la presidencia Joe Biden y de su partido ante las consecuencias del desastroso manejo de la pandemia por el presidente Donald Trump, algo ejemplificado hoy con la Casa Blanca declarando que la ciencia no debe estorbar en decisiones sobre la reapertura nacional de las escuelas públicas.

Incrementos en casos de contagios de la pandemia se registran ahora en 41 de los 50 estados del país, revirtiendo avances logrados con cuarentenas parciales al proceder las reaperturas prematuras, mientras estados que rehusaron aplicar medidas de mitigación hoy están entre los más afectados (Florida, Texas y Arizona). Todo, repiten expertos, a consecuencia de la falta de una política nacional y de coordinación federal para combatir la pandemia. O sea, el manejo de la crisis por Trump, lo cual se ha vuelto, por fin, el epicentro del debate político electoral.

A la vez, otros 1.3 millones de trabajadores solicitaron los beneficios de desempleo en la semana reciente, elevando el total a más de 32 millones desde que estalló la crisis, cifra que no incluye cientos de miles y tal vez millones de inmigrantes y trabajadores del sector informal que no tienen derecho a esta asistencia.

Trump está obsesionado con minimizar esta crisis, reiterando, a pesar de toda evidencia, que la pandemia está por pasar, y que la economía se está recuperando. Por lo tanto, exige la reapertura del país, incluyendo la reactivación de las escuelas. Fue en ese contexto que su secretaria de prensa, Kayleigh McEnany, hoy, en respuesta a preguntas de medios, argumentó que la ciencia no debe estorbar la reapertura de la escuelas.

Para Biden y los demócratas, por ahora, lo más efectivo es dejar que Trump haga campaña contra sí mismo con este tipo de cosas. Ante la declaración de la vocera, el Comité Nacional Demócrata –la jefatura del partido– respondió: ahora el gobierno de Trump desea arriesgar aún más las vidas de maestros, niños, personal y sus familias sólo para sobar el ego del mandatario. Este presidente prefiere aceptar teorías de conspiración y rechazar la ciencia que escuchar a expertos en salud pública. No se le puede confiar para tomar decisiones sobre las vidas de los niños de Estados Unidos y sus familias.

Biden ha sostenido una ventaja de por lo menos ocho puntos sobre Trump en las encuestas a lo largo del pasado mes. Algunos sondeos recientes han incrementado ese margen. En las consultas que han preguntado sobre en quién confían más para el adecuado manejo de la pandemia, el demócrata sale ganando.

Biden también ha recaudado enormes sumas de fondos en semanas recientes con más de 242 millones de dólares sólo en el segundo trimestre, reportado hoy, acercándose al total de Trump de 295 millones en ese mismo periodo. Sus donantes más generosos son los multimillonarios que tradicionalmente han apoyado a los centristas de ese partido, entre ellos los del sector tecnológico (la viuda de Steve Jobs de Apple y un cofundador de Facebook), Hollywood (Jeffrey Katzenberg) y filántropos como George Soros, todos con aportaciones de por lo menos 500 mil dólares.

Trump está muy consciente de que su relección está en riesgo. La noche del miércoles sustituyó a su jefe de campaña, Brad Parscale, y colocó en ese puesto a Bill Stepien, quien antes fue asesor clave del ex gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie. No fue sorpresa, pues se esperaba algo así desde el fiasco en Tulsa el mes pasado donde se organizó el primer gran mitin electoral público para marcar el reinicio de la campaña de Trump –interrumpida por la pandemia–, pero donde la arena masiva se llenó sólo a un tercio de su capacidad. Más aún, la campaña canceló un mitin electoral en Nueva Hampshire la semana pasada con el pretexto de pronósticos falsos sobre una tormenta, ya que había preocupación de que se podría repetir algo parecido a Tulsa, reportó Politico.

Para Trump, esos mítines masivos son claves para su estrategia electoral, pero ahora todo indica que hasta las dimensiones de la convención nacional del Partido Republicano (en agosto) serán reducidos, con varias figuras ausentes por temor a la pandemia.

Pero el problema ahora no es el equipo de campaña, ni el partido, señalan múltiples analistas, sino el candidato. Su manejo de la pandemia a lo largo de los pasados cinco meses está contagiando las posibilidades de su relección.

Los demócratas y otros opositores del presidente que se atreven a expresar cierto optimismo ante este panorama, lo hacen con gran cautela. Todos recuerdan 2016, cuando se suponía hasta las últimas horas que los demócratas, con su candidata Hillary Clinton, tenían asegurado –algo confirmado por las encuestas– el triunfo frente a quien consideraban un bufón.

Los estrategas de Biden saben que su candidato no genera gran entusiasmo ni entre sus propias bases, y están apostando al voto anti-Trump más que a un voto por Biden.

Además, fuerzas progresistas y sobre todo los jóvenes que han sido el motor del actual movimiento de protesta social más grande de la historia de este país, como los que impulsaron la campaña sin precedente de Bernie Sanders entre otros, no están convencidos de que Biden sea la solución. Apuntan, por ejemplo, sus vínculos extensos con los multimillonarios.

Biden está copado por los de Wall Street, quienes usan su influencia para asegurar que sea otro presidente estilo Clinton-Obama medio liberal en temas sociales, pero ninguna amenaza al modelo de negocios tóxico de Wall Street, el cual es impulsor fundamental de la grave desigualdad de ingreso y riqueza como también la concentración empresarial extrema, escribe Robert Kuttner de The American Prospect.

No es por nada que Biden haya aceptado negociar con fuerzas progresistas dentro del partido, sobre todo con los senadores Sanders y Elizabeth Warren, incorporando algunas de sus ideas como su personal a su campaña. Una expresión de ello es el plan de 2 billones de dólares sobre cambio climático y desarrollo presentado por Biden esta semana.

Pero todos saben que esta elección gira en torno a quien es considerado por una gama cada vez más amplia –desde conservadores tradicionales a todo el abanico progresista– como el presidente más peligroso de este país y en el mundo hoy en día.

Información de LA JORNADA

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