TIJUANA, JULIO 26, 2020/DTJ.- Enamorado del café y el verbo activo. Adalberto Enrique Tellaeche Ocaño, nació en Mexicali, el 20 de febrero de 1957 y era dueño de un estilo que fue creando a raja tabla! como va! decía cuando al final de una conferencia de prensa lanzaba una pregunta desnuda, a veces escandalosa, pero jamás grosera. Ese era “Tellaeche” quien levantaba la voz casi gritando, quien no te dejaba hablar, porque pensaba al mil por hora, y quien supo ser un gran amigo, tener una mirada sincera, a veces severa. Hoy nos enteramos de su muerte.

Conectaba un par de caimanes (rojo y verde) a la caja del teléfono para meter por el hilo conductor el audio de su grabadora. Trabajaba rápido, eficiente para la radio agencias. Pero cuando hacía sus llamadas, no le importaba nada. Transmitía fuerte; reportaba con voz “muy” audible y con maestría lo aprendido en la Ibero, donde estudió Ciencias de la Comunicación. Verbo activo, qué, quién, cómo, cuándo y donde… Criticaba a los reporteros nóveles con el fin de enseñarles la técnica reporteril que se aprende con las horas de vuelo, pero también con escuela.

Enrique falleció.

Se detuvo el tren de ideas e inquietudes. Esos ojos locos que devoraban los periódicos impresos para contar con acervo y contexto periodístico.

Enrique murió este día y políticos, gobernantes, compañeros comunicadores lo resentimos. Murió a las 5:15 de la mañana de este domingo 26 de JULIO dio a conocer el prestigiado medio capitalino Lindero Norte que dirige Antonio Heras, un amigo personal de Enrique.

Su corazón ya no pudo soportar la diabetes, las embolias que le redujeron su movilidad a la silla de ruedas, la falta de aceptación a su medicamento, el alimento a veces rechazado, la vida de asilo, donde estaba desde hacía dos años.

Las imágenes se agolpan: Castilloooooo! le gritaba a “La Coco” su primera esposa, le miraba con una sonrisa y le espetaba vámonos! En ese entonces corrían los 90´s justo cuando calzaba botas y castigaba al carro, que tuviera, en viajes relampagueantes, desde Mexicali a Tijuana que transcurría en un promedio de una hora, 20 minutos. Recuerde que la vialidad de La Rumorosa era de dos sentidos en camino estrecho y muy peligroso.

Le sobreviven sus hijos Gabriel Enrique, Jorge Ernesto y Alejandra Monserrat.

Gori, me decía, ¿cuál es la nota?

Y aunque te esforzaras por contestar… siempre te decía No! La Nota es esta y te dictaba la cabeza de lo que se “debía” publicar mañana y si estaba de buenas hasta el primer párrafo.

Recuerdo haberle pedido alguna vez escribiera una nota en mi Lap cuando estábamos en una sesión del “Grupo 21”. Creí que me mandaría muchas millas, como acostumbraba hacerlo, pero en cambio era tan enamorado de la noticia que tomó mi máquina y al fijar la vista en la pantalla comenzó a redactar y no se detuvo hasta poner el último punto de la información.Yo estaba lejos de ahí, casi escondido entre las personas observando cómo trabajaba para mi, jajajaja, sin darse cuenta y obviamente, sin sueldo. Y cuando terminó levantó la vista para buscarme entre los asistentes. Como no se quedaba jamás callado, valiéndole un comino interrumpir la sesión gritó: “Gori… ya está la nota!

Ese era Tellaeche el amante del buen café. Jamás probó una lata de cerveza, ni trago de licor, era abstemio porque simplemente no le gustaba el alcohol. Muchas veces nos acompañó en la bohemia tomando múltiples tazas de café y divirtiéndose con todos los asistentes en un sitio en Mexicali llamado Heidelberg.

Dos periodistas
Tellaeche con la periodista Coliá Eguía

Así lo describe el periodista Antonio Heras:

Trabajó en medios de comunicación y agencias informativas locales, regionales y nacionales, entre ellas El Universal, Notimex, Este Día para la Historia, MVS, TV Azteca, Aristegui Noticias.

Realizó estudios en Derecho y Comunicación, además de firmar parte de la Unión de Periodistas Democráticos y del Centro para la Defensoría de los Derechos Humanos de Baja California.

Defensor férreo de sus ideas y principios, solidario con el sector periodístico, Tellaeche tenía relación con un vasto sector de la clase política y empresarial de la entidad.

Bebedor de café, Tellaeche solía conducir las carreteras de la entidad a alta velocidad y hasta redactando o haciendo algún enlace informativo.

La última vez que lo vi en su silla de ruedas me dijo, adelantándose a mi pregunta, como siempre: “¿Cómo estas Gori?” Le pedí su teléfono que por cierto dejó de contestar desde hacía  10 días.

Estoy, Enrique, consternado con tu partida; estoy redactando, como me sugeriste alguna vez, estoy recordándote y escribiendo también, como alguna vez mencionaste y estoy seguro que Dios te recibirá con los brazos abiertos, como alguna vez los abriste para ofrecerme tu amistad.

Descansa en Paz mi Enrique.

 

 

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