WASHINGTON, D.C., MARZO 6, 2018.  Tras sacudir al planeta con la amenaza de una guerra comercial, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se ha topado con la resistencia de su propio partido. En un gesto que muestra el terror electoral que ha suscitado su último pulso, el líder de los respublicanos en el Congreso, Paul Ryan, pidió este lunes a Trump que dé marcha atrás a su idea.

“Estamos extremadamente preocupados por las consecuencias de una guerra comercial y urgimos a la Casa Blanca a que no avance con este plan. La reforma fiscal ha dinamizado la economía y no queremos que amenace sus ganancias”, afirmó un portavoz de Ryan, en una toma de posición que marca una división inesperada.

Hasta ahora, Trump se había enfrentado sólo al adversario exterior. Pero en su deseo de protagonizar una guerra, cualquiera, la semana pasada anunció una próxima subida a los aranceles del acero en un 25% y del aluminio un 10%. Lanzada la bomba, remató con una proclama belicosa. “Las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar”, tuiteó.

Trump es el único que cree su afirmación. Su idea ha desatado el pánico no sólo entre los suyos, quienes ya le han urgido a cambiar el plan, sino también en Canadá y México quienes intentan cerrar negociaciones del Tratado de Libre Comercio pero que se ven impedidos cada vez que a Trump se le ocurre algo.

La idea de Trump también desató la tormenta en Europa. Sin esperar a conocer el detalle de las medidas, Bruselas advirtió que estaba dispuesta a tomar represalias. Pero Trump, quien busca pelear a toda costa con quien se le ponga enfrente, respondió con otra amenaza más: un impuesto para los coches europeos.

“EUA tiene un déficit comercial anual de 800,000 millones de dólares por nuestros estúpidos acuerdos y políticas. Nuestros trabajos y riqueza están siendo entregados a países que se han aprovechado de nosotros durante años. Se ríen de lo tontos que nuestros líderes han sido. ¡Nunca más!”, fue su respuesta, en uno más de sus miles de tuits.

Las hostilidades estaban empezando. Lo que seguía, aparte de las imprevisibles barbaridades que avienta en Twitter, iba a ser la presentación esta semana de la subida arancelaria. Pero, los republicanos representados por Ryan han abierto un flanco nuevo.

Aunque aún no se conocen los apoyos del líder del Congreso, sus palabras reflejan una preocupación muy extendida entre los parlamentarios. El próximo 6 de noviembre se renueva un tercio del Senado, toda la Cámara de Representantes y 39 gubernaturas.

Cualquier error, puede inclinar la balanza a favor de los demácratas y hacer perder a los conservadores la mayoría absoluta. Y Trump está lleno de errores. Ellos lo saben. Ahora deben trabajar arduamente en evitar que el presidente los haga caer a todos, junto a él mismo, en la trampa de sus incapacidades. Pero el terror se ahonda si el terreno es el económico.

Trump evitó dar una respuesta a sus partidarios. Cuestionado durante la recepción con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, el presidente volvió a disparar contra el enemigo exterior. Acusó a China de beneficiarse más que nadie del déficit comercial de Estados Unidos y reservó un proyectil a Bruselas: “Nuestros adversarios no sólo son Rusia y China, sino también Europa, que tiene barreras comerciales peores que las tarifas. Nosotros lo que queremos es tener de vuelta esos 800,000 millones de dólares al año”, dijo. La guerra, de momento, continúa.

Ahora Europa avisa un nuevo impuesto a las motocicletas Harley-Davidson, al Boubon y a los pantalones de mezclilla Levi’s.

Con información de El País

 

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