Teresita Urrea, la Revolucionaria del Norte

En el exilio en Estados Unidos, Teresita sorprendió a los médicos norteamericanos con sus poderes como taumaturga, por lo que la contrataron para hacer una campaña mostrando sus curaciones en vivo

COLUMNA.- Se cumplen 130 años de La rebelión de Tomóchic, la imagen que inspiró esos levantamientos en el Norte de México, fue Teresita Urrea, y su tumba en Clifton, sigue siendo visitada por cientos de fanáticos que le cantan las mañanitas cada 15 de octubre y en Día de Muertos.

Un personaje borrado de la Historia de México es Teresa Urrea, la mujer que inspiró los movimientos revolucionarios en el Norte de México como La Rebelión de Tomóchic, Temosáchic y los levantamientos de los yaquis y mayos , mucho antes del estallido revolucionario a nivel nacional; la joven fue la imagen que motivó a los indígenas a rebelarse y a gritar “¡Muera el mal gobierno y viva la santa de Cabora!” ya que creían en sus poderes como taumaturga, y que ese poder los iba a proteger de las balas del ejército federal que enviaba el dictador Porfirio Díaz a sofocar los levantamientos. Se dio toda una guerra a través de publicaciones en diarios, entre Teresita y el dictador, quien decidió exiliarla a Arizona cuando ella tenía tan sólo diecinueve años.

Teresita Urrea nació en Ocoroni el 15 de octubre de 1873, bautizada como María rebeca Nona Gracia, fue hija de una mujer indígena de los pueblos mayos de Sinaloa, Cayetana Chávez, de tan sólo trece años, y de un hacendado, don Tomás Urrea. Teresita creció con el estigma de ser hija ilegítima del patrón, pues su piel blanca la delataba en el pueblo; la mamá la abandonó, la tía la maltrataba y los niños se burlaban de ella; fue entonces que descubrió sus poderes, cuando pudo paralizar con sólo la mirada a un niño que se burlaba de ella. Creció al lado de una vieja curandera llamada “la huila”. Aprendió de ella, las plantas, como curar y le asistió en los partos; tomó el nombre de Teresa porque escuchó hablar de santa Teresa de Ávila y siendo una niña, ella afirmaba que así se llamaba.

Hay diferentes versiones de cómo llegó a vivir con su propio padre, pero fue después de que él se separó de su esposa legítima, pues había sido un matrimonio arreglado por la conveniencia de las tierras y propiedades. Don Tomás trataba de evitar conflictos con los rurales de Sinaloa, y trasladó su hacienda a un pueblo cerca del río Mayo, San Antonio de Cabora, en Sonora; cuando conoce a Teresa siendo ya una adolescente se sorprende al enterarse que sabe montar a caballo, y sabe cantar y tocar la guitarra.

Se dice que Teresa sufrió una violación y le dio un ataque de epilepsia; entonces cuando la encontraron no tenía signos vitales, por lo que la creyeron muerta. En el momento que la estaban velando, despertó para sorpresa de todos, y en el pueblo, corrió el rumor de que la santa había resucitado. Entonces los indígenas mayos y yaquis comenzaron a visitarla para pedir la bendición de sus hijos, o para pedirle algún milagro. Las visitas fueron creciendo y se hacían largas filas diariamente. Teresita desde la mañana, iba atendiendo a cada uno y curándolos de cualquier dolor o enfermedad, por lo que sus poderes de taumaturga (curandera) se fueron esparciendo a otros estados e incluso a Estados Unidos. La joven sorprendía a todos con sus predicciones y viajes astrales.

Teresita aprendió a escribir y comenzó a publicar cartas donde hablaba del espíritu y del humanismo que hacía falta. Estas publicaciones fueron alentadas por un periodista, llamado Lauro Aguirre, amigo de su padre don Tomás, y el ingeniero que le trabajaba su sistema de riego en su hacienda. Lauro Aguirre publicaba en diversos periódicos anti-porfiristas en México, y también en la frontera de Estados Unidos. Se dice que fue él quien imprimió unos panfletos con la imagen de Teresita en donde aparecía como santa; aprovechándose de que su imagen provocaba un gran poder entre los indígenas, en esas estampitas, les pedía que se levantaran en armas y asaltaran las aduanas fronterizas. Se dio toda una guerra de publicaciones entre la joven y dictador; una lucha entre esa corriente espiritista en la que se insertaba sin saberlo, Teresita Urrea, y la corriente positivista que defendía Porfirio Díaz con sus ideas del progreso.

La rebelión de Tomóchic comenzó en 1891, cuando Cruz Chávez, el líder de los tomochitecos, dijo que “las balas del enemigo no les iban a hacer ningún daño, porque los protegía el poder de la santa”. Así que se sublevaron gritando “Viva el poder de dios, muera el mal gobierno y viva la santa de Cabora”. A este levantamiento que era casi imposible sofocar, para el ejército federal, siguieron los levantamientos de Temosáchic y las sublevaciones de los yaquis y hasta de los pacíficos mayos. Porfirio Díaz decidió exiliar a Teresa y a su padre a Arizona; y no la mandó matar porque pensó que sería peor para él, porque haría “una mártir”.

En el exilio en Estados Unidos, Teresita sorprendió a los médicos norteamericanos con sus poderes como taumaturga, por lo que la contrataron para hacer una campaña mostrando sus curaciones en vivo y así ellos, poder vender sus productos y medicinas. En esa campaña, un joven la acompañó para ser su intérprete, él se enamoró de ella y la inscribió en un concurso de belleza en NY, el cual ganó, y así pasó de ser reina de los yaquis a reina de belleza. Posteriormente Teresita tuvo dos hijas con este joven, entonces los médicos norteamericanos le dijeron que ya no tenía la imagen de santa y decidieron concluir la campaña y darle su pago final; con ese dinero construyó un hospital para los pobres en Arizona.

Teresita enfermó de tuberculosis y murió a la edad de treinta y tres años, toda su labor como taumaturga, activista, y su propuesta del derecho a voto a la mujer en el Plan Restaurador y Reformista de la Constitución (siendo ella la primera que lo propuso, durante su exilio a finales del siglo XIX) fue borrada de la Historia de México; se sabe de ella por los libros como Tomóchic escrita al calor de las balas por Heriberto Frías, también por su biógrafo William Curry, así como por la novela de Brianda Domecq, La insólita historia de la santa de Cabora; y el ensayo Del Púlpito a la trinchera de Paul Vanderwood y por las exitosas novelas del escritor de origen mexicano Luis Alberto Urrea, catedrático de la Universidad de Chicago, quien ha publicado diversos libros con la temática de la frontera entre México y Estados Unidos como El camino del Diablo, Rumbo al bello Norte, El hijo de Nadie, notas de la vida americana, (Premio American Book). Urrea siendo descendiente de la misma Teresita, investigó durante veinte años para escribir su vida en La hija del colibrí (Premio Kiriyama) y La reina de América, una narrativa muy cinematográfica. En Estados Unidos, innumerables investigadores han recuperado a través de ensayos, esta fascinante historia en la que se mezcla la leyenda y los hechos históricos, por lo que hace falta que en México se rescaten más éste y otros personajes borrados de la Historia oficial. En Clifton, Arizona, cada quince de octubre le cantan las mañanitas en su tumba y le llevan flores.

Ursula Mansur es escritora y fue invitada por la Universidad de Oswego a impartir la conferencia La importancia de Teresita Urrea en La Revolución mexicana, así como a presentar la puesta en escena de la misma temática: La Hechicera del Norte en la Universidad de Oswego en Nueva York y en el Festival VIVA MEXICO, en Los Ángeles, California con motivo del centenario de la Revolución mexicana.

Es autora del libro La reina Calafia y el origen de la palabra California.

 FOTOS: Miguel Schumman, cortesía de la autora.

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