
TIJUANA, MAYO 17, 2026.- El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, retomó un pasaje de la Biblia —correspondiente al libro de Crónicas— para emitir un mensaje que, más allá de su contenido religioso, ha sido interpretado como una declaración con implicaciones políticas y geoestratégicas.
El fragmento citado plantea que el bienestar de una nación depende de la obediencia a principios divinos, advirtiendo que el desvío de esos valores puede derivar en castigos como sequías, plagas o calamidades, mientras que la rectitud conduciría al perdón y la restauración.
En el contexto actual, analistas consideran que este tipo de discurso trasciende lo espiritual y se inserta en una narrativa de legitimación del poder, en la que decisiones de política pública —como el endurecimiento migratorio, la imposición de aranceles o la postura frente a conflictos internacionales— pueden ser presentadas como parte de un orden moral superior.
Asimismo, el mensaje es interpretado como una advertencia tanto interna como externa. A nivel doméstico, refuerza un llamado al orden social y a la identidad nacional; en el plano internacional, sugiere la existencia de consecuencias para aquellos actores que no se alineen con la visión política impulsada desde Washington.
Especialistas en comunicación política advierten que el uso de referencias religiosas por parte de líderes con amplio poder institucional puede elevar el discurso a un terreno simbólico en el que las decisiones dejan de percibirse únicamente como estratégicas, para asumirse como moralmente justificadas.
El pronunciamiento también fortalece la conexión con sectores religiosos en Estados Unidos, particularmente con comunidades evangélicas, que han sido una base relevante de apoyo político para el mandatario.
En este sentido, el mensaje no solo reafirma una identidad nacional vinculada a valores cristianos, sino que proyecta una visión de liderazgo que combina elementos de fe, poder y control en un escenario internacional marcado por tensiones económicas, migratorias y de seguridad.
Cuando Salomón terminó la casa del Señor y la casa del rey, y todo lo que le vino al corazón para hacer en la casa del Señor y en su propia casa, lo llevó a cabo con éxito. Y el Señor se apareció a Salomón de noche y le dijo: He escuchado tu oración y he escogido este lugar para mí como casa de sacrificio. Si cierro los cielos para que no haya lluvia, o si mando langostas a devorar la tierra, o si envío pestilencia entre mi pueblo, si mi pueblo, que es llamado por mi nombre, se humilla y ora, y busca mi rostro y se aparta de sus malos caminos, entonces yo oiré desde los cielos y perdonaré su pecado y sanaré su tierra. Ahora mis ojos estarán abiertos y mis oídos atentos a la oración hecha en este lugar. Porque ahora he escogido y santificado esta casa para que mi nombre esté allí para siempre, y mis ojos y mi corazón estarán allí perpetuamente. Y en cuanto a ti, si caminas delante de mí como caminó David tu padre, y haces conforme a todo lo que te he mandado, y guardas mis estatutos y mis juicios, entonces estableceré el trono de tu reino, como pacté con David tu padre, diciendo: No te faltará hombre que gobierne en Israel. Pero si te apartas y abandonas mis estatutos y mis mandamientos que he puesto delante de ti, y vas y sirves a otros dioses y los adoras, entonces los arrancaré de raíz de mi tierra que les he dado, y esta casa que he santificado para mi nombre la desecharé de mi vista, y la haré proverbio y burla entre todas las naciones. Y esta casa, que es tan alta, será un asombro para todo aquel que pase por ella, y dirá: ¿Por qué ha hecho el Señor esto a esta tierra y a esta casa? Y se responderá: Porque abandonaron al Señor Dios de sus padres, que los sacó de la tierra de Egipto, y se aferraron a otros dioses, y los adoraron y les sirvieron. Por eso ha traído Él todo este mal sobre ellos.



















